Oh si, lo sabe. Y no le ha dicho ni una palabra a él, dijo Jack.

Un montón de buenos hombres podrían caer esta noche. Ken apenas podía resistir el impulso de deslizarse en la casa y salvarlos del problema cortando la garganta del bastardo. El senador había traicionado a su país por dinero, o poder, o la combinación de ambos. A Ken le importaba un comino cuales fueran sus motivos; se había vendido. Y había sido el cebo que había enviado a Ken al Congo en una misión de rescate, una misión que le había enviado directo al infierno, y a su hermano detrás de él. Y ahora, irónicamente, estaban protegiendo al traidor.

– ¿Demonios cual es el nombre de su esposa? -preguntó Jack-. ¿No crees que sea una de nosotros? ¿Un Caminante Fantasmas?

Ambos estudiaron a la rubia alta cuidadosamente. Se había alejado del senador hacia la siguiente habitación, donde alcanzo varias armas, sujetándolas como si supiera lo que estaba haciendo.

Ken inspiró profundamente y lo dejó salir. ¿La esposa del senador? ¿Un Caminante Fantasmas? ¿Cuál era su nombre? Violet Smythe. En el informe había poco de su vida antes de casarse con el senador. Violet. El nombre de una flor. Cuando habían sido informados acerca de los experimentos psicológicos con los niños, los huérfanos en los que trabajo habían sido todas hembras y les había dado nombres de flores.

– Violet -dijo en alto.

¿Dónde encajaba ella en todo esto? ¿Cómo podría un Caminante Fantasmas traicionar a sus compañeros soldados? Sabía por lo que habían pasado. Miró fijamente a través de su mira otra vez, apuntando al ojo izquierdo del senador. Todo lo que tenía que hacer era empujar el gatillo y se habría acabado. Nadie más sería asesinado. Un disparo y el hombre que le había entregado en las manos de un loco estaría muerto.

Sé lo que estás pensando, dijo Jack. Dios sabe que si alguien tiene una razón para matar a ese hijo de puta, eres tú. Si quieres hacerlo, Ken, di una palabra y lo hago ahora.



8 из 371