Jesse sacudió la cabeza. Aunque apreciaba la importancia de los márgenes de beneficio más altos, tenía su propio plan para su negocio. Cuando decidiera acometer las prendas femeninas, lo haría a su modo.

– Bella Cruz se ha hecho cargo de una parte del negocio que nunca antes se había tocado. La hemos investigado un poco y ha tenido ofertas de otras empresas muy importantes para absorber su negocio, pero ella los ha rechazado a todos.

Jesse se sintió intrigado. Se apoyó sobre su escritorio y cruzó los brazos bajo el pecho.

– Explícate.

– La mayoría de los trajes de baño de este país y, en realidad, de todo el mundo, están diseñados y creados para la llamada mujer «ideal». Una mujer delgada.

Jesse sonrió. Mujeres delgadas con biquinis. ¿Cómo no iba a sonreír? Aunque, en realidad, él prefería que sus mujeres tuvieran un poco más de carne.

Como si pudiera leerle el pensamiento a Jesse, Dave dijo:

– La mayoría de las mujeres de Estados Unidos no encajan con ese estereotipo. Afortunadamente, tienen curvas. Comen algo más que una hopa de lechuga. Y gracias a la mayoría de los diseñadores, sus necesidades se ignoran completamente.

– ¿Sabes una cosa, Dave? A mí me gustan las mujeres con curvas como al que más-dijo Jesse-, pero no todas las mujeres deberían llevar biquini. Si Bella quiere vender a las mujeres que probablemente ni siquiera deberían ponerse biquini, que lo haga. No es para nosotros.

Dave sonrió. Entonces, se metió la mano en el bolsillo para sacarse otra fotografía.

– Me había imaginado que ésa sería tu reacción. Por eso, he venido preparado. Mira esto.

Jesse lomó la fotografía y frunció el ceño.

– Pero si ésta es tu esposa.

– Sí. Normalmente, Connie prohíbe las cámaras de fotos cuando vamos a nadar. Desde que se compró ese biquini, no hace más que posar.



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