Jesse entendía por qué, Connie Michaels había dado a luz a tres hijos en seis años. No estaba delgada, pero tampoco gorda y, con ese biquini, tenía un aspecto fantástico.

– Está muy guapa -musitó.

Inmediatamente, Dave le quitó la foto de la mano.

– Sí. Eso creo yo. Lo que en realidad quería decir es que si los trajes de baño de Bella le sientan tan bien a una mujer de tamaño normal, a las delgadas le sentarán también estupendamente. Te aseguro que esto es algo en lo que deberías pensar.

– Bien. Lo pensaré -respondió Jesse, más que nada para que Dave dejara de hablar del tema.

– Sus ventas no hacen más que crecer y creo que esa mujer sería un miembro muy valioso de nuestra empresa.

Jesse recordó el gesto que se había dibujado en el rostro de Bella aquella mañana durante su conversación. Sí. Ya había rechazado ofertas de otras empresas. Se imaginaba lo contenta que se pondría cuando él se ofreciera a comprarle su negocio. Diablos. Probablemente sería capaz de atropellarlo con el coche. No iba a ser necesario.

– Nosotros no vendemos prendas femeninas.

– Se dice que Pipeline está empezando a tantearla.

– ¿Pipeline? -repitió Jesse. Era su mayor competidor. Nick Acona era el dueño, y entre Jesse y él siempre había existido una tremenda rivalidad. Si Nick estaba interesado en Bella… Eso bastaba para que Jesse también se sintiera interesado.

– Él dice que el modo de incrementar las ventas es a través de las mujeres -le dijo Dave.

Jesse lo miró atentamente. Sabía lo que Dave estaba tramando. Y estaba funcionando.

– Lo consideraré.

– Pero…

– Dave, ¿te gusta tu trabajo?

Dave sonrió. Había escuchado antes esa amenaza y no le daba mucho crédito,

– Claro que sí.

– Bien. Pues sigamos así.

– Está bien -replicó Dave. Comenzó a recoger sus fotos y sus notas. Entonces, se dirigió hacia la puerta-, pero me has dicho que lo iba a pensar.



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