– Quiero hablar del examen final -dijo la chica, con un mohín.

– Pídale hora a la secretaria del departamento. La atenderé en mi despacho.

– Será sólo un momento -insistió ella.

– No -contestó él-. Lo siento. -Miraba detrás de la joven, y a ella y al chico alternadamente, temeroso de que alguien se estuviese abriendo paso contra el torrente de alumnos, arma en mano.

– Venga, profe, dele un minuto -pidió el novio. Exhibía su actitud amenazadora con tanta naturalidad como su sonrisa, torcida por el pendiente de metal que llevaba clavado en el labio superior-. Ella quiere hablar con usted ahora.

– Estoy ocupado -replicó Clayton.

El joven dio otro paso hacia él.

– Dudo que tenga tantas putas cosas que hacer como para…

Pero la chica extendió el brazo y le tocó el hombro. Eso bastó para contenerlo.

– Puedo volver en otro momento -dijo ella, dejando al descubierto sus dientes amarillentos al sonreírle a Clayton con coquetería-. No pasa nada. Necesito una nota alta, y puedo ir a verle a su despacho. -Se pasó la mano en silencio por el pelo, que llevaba muy corto en la mitad de la cabeza que se había afeitado, y que le crecía en una cascada de rizos exuberantes en la otra mitad-. En privado -añadió.

El chico giró sobre sus talones hacia ella, dándole la espalda al profesor.

– ¿Qué coño significa eso? -preguntó.

– Nada -respondió ella sin dejar de sonreír-. Concertaré una cita. -Pronunció la última palabra en un tono demasiado preñado de promesas y le dedicó a Clayton una sonrisita provocativa acompañada de un ligero arqueo de las cejas. Acto seguido, cogió su mochila y dio media vuelta para marcharse. El culturista soltó un gruñido en dirección al profesor y luego echó a andar a toda prisa en pos de la joven. Clayton lo oyó recriminarla con frases como «¿A qué coño ha venido eso?» mientras la pareja subía las escaleras hacia la parte posterior de la sala de conferencias hasta desaparecer en la oscuridad del fondo.



15 из 554