El doctor King participó junto a los líderes locales de los derechos civiles, como Al Raby, en una serie de marchas cuyo objetivo era protestar contra las perniciosas políticas de urbanismo de la ciudad. El proyecto para suprimir la discriminación en el acceso a la vivienda provocó disturbios en toda la urbe. Marquette Park, a ocho manzanas de donde yo vivía y trabajaba, fue escenario de una algarada que duró ocho horas, ya que los vecinos atacaron a la policía por proteger al doctor King y a sus compañeros. En el parque y zonas próximas, se exhibieron lemas con los peores epítetos imaginables.

Muchos de nuestros vecinos, sobre todo en las iglesias locales, se enfrentaron al desafío de los tiempos con coraje, sinceridad y caridad. Lamentablemente, también era gente del barrio la que lanzó cócteles molotov y consignas racistas en Marquette Park.

La intensidad de aquel verano, el placer que experimenté trabajando con los niños, la integración en la ciudad a pesar de sus fallos, hizo que Chicago se convirtiera en parte de mí y que haya sido mi hogar desde entonces. Jugar a ganar se desarrolla en el presente, pero el núcleo de la historia tiene sus raíces en aquel verano.

Como siempre, mucha gente me ayudó a que este libro viera la luz. Mi antigua colega Barbara Perkins Wright compartió conmigo su perspectiva de aquel verano y me ayudó a ensamblar mis recuerdos. Barbara y yo oímos el discurso que King pronunció en Soldier Field y luego nos manifestamos con él hasta el ayuntamiento, donde clavó en la puerta de la alcaldía sus peticiones. Qué tiempos tan emocionantes… Entonces creíamos que el cambio para mejorar las cosas no sólo era posible, sino que estaba al alcance de la mano. Últimamente, mi sentido de la esperanza, tanto tiempo dormido, ha vuelto a la vida.

Me basé en At Canaan's Edge, de Taylor Branch, para algunos detalles del Chicago de 1966. Jean MacLean Snyder me ayudó con información sobre el sistema penitenciario de Illinois y las políticas de administración de justicia del condado de Cook.



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