Al cabo de un tiempo, con la relación ya consolidada, Cowart empezó a cubrir auténticas noticias y a salir a la calle en busca de material para sus artículos. Disfrutaba con las interminables horas de trabajo, la persecución de la noticia y la tentación de escribir. Ella pensaba que llegaría a ser famoso, o al menos importante. Lo acompañó cuando él consiguió la primera oferta de trabajo en un pequeño diario del centro del país. Seis años más tarde seguían juntos. El día que Sandy le anunció su embarazo, Cowart recibió una oferta del Journal. Él iba a cubrir los tribunales penales; ella iba a tener a Becky.

– ¿Papi?

– Hola, cariño.

– Hola, papi. Mamá dice que sólo puedo hablar un minuto. Tengo que ir al colegio.

– ¿También hace frío ahí, cielo? Deberías ponerte un abrigo.

– Vale. Tom me compró uno con un pirata que es todo naranja, como los Bucs. Voy a ponerme ése. También conocí a algunos jugadores. Fueron a una merendola con la que ayudábamos a reunir dinero para los pobres.

– Estupendo -respondió Matthew. «Maldita sea», pensó.

– Papi, ¿los jugadores son importantes?

Cowart soltó una risita.

– Más o menos.

– Papi, ¿te pasa algo?

– No, cariño, ¿por qué?

– Es que nunca me llamas por la mañana.

– Es sólo que al levantarme te he echado de menos y quería oír tu voz.

– Yo también te echo de menos. ¿Volverás a llevarme a Disney World?

– Esta primavera. Te lo prometo.

– Vale. Ahora tengo que irme. Tom me está haciendo señas. ¡Ah!, ¿sabes qué? Los de segundo tenemos un club especial que se llama el Club de los Cien Libros. Hay un premio por leer cien libros y ¡me lo han dado a mí!

– ¡Fantástico! ¿Y qué es?

– Una placa especial y una fiesta de final de curso.

– Genial. ¿Y cuál es tu libro preferido?

– El que tú me enviaste: El dragón chiflado. -Rió-. Me recuerda a ti.



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