—El rey quiere recuperar Bretaña, porque le inquieta la agitación que existe en la región. En cuanto al Gran Prior Alexandre, creyó de buena fe que Su Majestad únicamente deseaba informarse de la situación por boca del duque César.

—¡Qué duplicidad! ¿Quién habría creído al rey capaz de algo así? En verdad, este asunto huele al cardenal a una legua de distancia. Nos odia.

—El cardenal no está en Blois, sino en Limours. Y el rey no hizo otra cosa que jugar con las palabras. Cuando llegó Monsieur de Vendôme, exclamó: «Hermano mío, estaba impaciente por veros.» Y esa misma noche hizo que Monsieur du Hallier y Monsieur de Mauny los detuviesen a los dos. Todo se hizo a escondidas. Los prisioneros fueron llevados al castillo de Amboise navegando por el Loira. En cuanto a mí, he venido a avisaros con la horrible impresión de haber tenido toda la razón cuando aconsejé al duque César que no debía salir de su fortaleza de Blavet

—¿Y mi esposo lo creyó? ¿Y fue a meterse en la boca del lobo en lugar de obtener todo el beneficio posible de su posición en Bretaña y de su título de Gran Almirante?

—Es lo que traté de hacerle ver, pero no quiso escucharme. Como le ocurre al Gran Prior, creo que vuestro marido en el fondo es bastante ingenuo. Creía...

—¿Que el cardenal renunciaría a despojarle de su gobierno, que olvidaría la desconfianza que le inspiran los hijos de Gabrielle d'Estrées? ¡El cardenal jamás olvida nada! —exclamó con voz colérica—. Entiendo muy poco de política, amigo mío, pero hace meses que temía una catástrofe de esta naturaleza...

Y no en vano. Desde los comienzos del noveno año del reinado efectivo de Luis XIII, hervían las pasiones en torno a una pareja real de veinticinco años de edad

Unos meses antes se había anunciado el estallido de una tormenta con ocasión del matrimonio de Monsieur, el hermano del rey y hasta el momento su heredero porque, después de diez años de matrimonio, la pareja real seguía sin tener descendencia.



16 из 320