– Tu padre ha intentado robarme -dijo en tono frío-. Si no lo hubiese pillado haciendo trampas, se habría marchado de aquí con varios cientos de miles de dólares.

Victoria se quedó sin respiración.

– Ha hecho trampas en el palacio real, rodeado de guardias. Y ahora que hay consecuencias, no le importa que ni ocupes su lugar en prisión.

– Lo sé.

¿Qué clase de padre hacía algo así? ¿Por qué no se responsabilizaba de sus actos? ¿Por qué permitía ella que fuese tan cobarde?

Kateb decidió darles una lección a ambos. La solución más obvia consistía en meter a Dean McCallan en la cárcel.

– Vuelve a tu habitación -le ordenó a Victoria-. Ya te notificarán su sentencia. Podrás visitarlo antes de que empiece a cumplir la pena, pero no después. Hay…

– ¡No! -gritó ella, aferrándose a su brazo con ambas manos-. Mi madre me hizo prometerle que lo cuidaría, que no permitiría que le pasase nada malo. Se murió amándolo. Por favor, se lo ruego. No lo encierre. Lléveme a mí en su lugar. El me ofreció a mí. ¿Su alteza aceptó? ¿Estaba yo en juego? ¿Me ganó?

Kateb frunció el ceño.

– No lo dijo en serio.

– Ya ha hablado con él, sabe que me ofreció de verdad. Lléveme en su lugar.

– ¿Como qué? Victoria se puso recta.

– Como lo que quiera.

Capítulo 2

Victoria se dio cuenta de que el príncipe estaba impaciente, tanto con ella, como con la situación. Y ella sabía que se estaba quedando sin recursos. Desesperada, se quitó la bata.

Esta cayó al suelo de piedra y se quedó a sus pies. Kateb no dejó de mirarla a la cara.

– Tal vez no seas tan tentadora como crees -le dijo con frialdad.

– Tal vez no, pero tenía que intentarlo.



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