
Charlotte trató de recuperar la cordura. No podía permitirse el lujo de hacerse ilusiones.
– ¿Sigue preocupado Kiefer sobre los rumores acerca de ti y de Isabella?
– Parece que hemos encontrado un aliado en Ridley Sinclair.
– ¿Ah, sí? -Charlotte ni siquiera lo conocía.
– Por lo visto suele tener aventuras con las estrellas con las que comparte rodaje.
– ¿Y se hospeda en la misma casa que Isabella?
Alec asintió.
– Así es.
– ¿Tú crees que tendrán algo?
– Dicen por ahí que ya hay algo entre ellos. Pero el rumor podría haberlo empezado Kiefer.
Charlotte se rió.
– Creo que empiezo a tomarle algo de estima.
– Ten cuidado con Kiefer -le dijo Alec en un tono serio.
Charlotte lo miró a los ojos.
– ¿Qué quieres decir?
– Quiero decir que Kiefer es muy mujeriego.
– ¿Y tú no? -preguntó Charlotte, contemplando la maraña de sábanas a sus pies. La manta había caído al suelo horas antes.
– He oído que tu padre viene mañana -dijo Alec, cambiando de tema.
– Y yo he oído que Lars todavía tiene trabajo para unos días. Pero ya quieren empezar a ensayar las escenas principales.
– ¿Y eso te incomoda?
– ¿Las escenas principales?
– Ver a tu padre. ¿Es peor que ver a Jack?
– No es lo mismo -dijo Charlotte, escondiéndose de la brisa fresca bajo las sábanas.
Alec estiró el brazo y recogió la manta para extenderla sobre ambos.
– Gracias -dijo Charlotte, cómoda dentro de su crisálida de calor.
– Tu padre…
– Es divertido. Creo que siempre supe que David era un padre terrible. Incluso cuando mi madre vivía, nunca estaba en casa. Y cuando murió, de verdad pensé que sería Jack quien se haría cargo de mí.
