
Porque también compongo la música para mis poemas, aunque esto sí que autodidactamente, pero con un espíritu tan abierto y unos horizontes tan vastos que realmente, buen conocedor del francés y el inglés, y también chamuscador de mi poquito de italiano y alemán, he logrado apretar casi tanto como he abarcado. A saber: desde la Canción de Rolando hasta el Mío Cid, pasando por Georges Brassens, Noel Coward, Cole Porter, Frank Sinatra, Drunky Beam, Tony Bennet, Dean Martin, Sammy Davis Jr., Edith Piaf, Yves Montand, Aretha, Sarah, Billie, Ella y Marlene, Los Panchos, Nat King Cole bilingüe, México lindo y querido, Carlitos Gardel, Lucho Gatica, Daniel Santos, Beny Moré, Atahualpa Yupanqui, Raimon, Joan Manuel Serrat, Luis Llach, Paco Ibáñez, Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, y un largo etcétera.
Y de mi país, en poesía, todo, desde Vallejo y Darío y Neruda y Martí y otra vez Vallejo y Darío y así todo otra vez, porque es una sola la patria de nuestra poesía desde Berceo y Quevedo y Cernuda (estoy hablando de 1967, por si acaso ignoro algo posterior) hasta Felipe Pinglo, el que después de laborar volvía a su humilde hogar, silbando valsecitos criollos como aquel en que hasta Dios amó, y, por lo tanto: El amor siendo humano, tiene algo de divino, amar no es un delito, porque, diablos, la que se armaría si de golpe Dios delinque con los tiempos que corren.
