Y así, a la carta de ella que acabo de citar, y que acababa como siempre con los nuevos teléfonos y direcciones de casas y empleos a los que podía escribirle -no conozco a nadie en el mundo que se haya mudado tanto como Fernanda María, nadie que haya cambiado tanto de empleos y de destino, sí: de DESTINO-, puedo haber respondido, ahora que abro la copia del dichoso cuaderno que contiene restos de alguien que fue siempre mejor por carta, con esta migaja de mí mismo:


Como si uno tuviera que volverlo a escribir todo de nuevo, así renace a veces la esperanza, Fernanda Mía. Acuérdate. No bien pueda cruzo Atlánticos para llegar a Pacíficos y meterme en tu cariño y en tu casa (etcétera), siempre con ese amor nuestro que el tiempo va convirtiendo en un sabio pincelado por las nieves del as time goes by. No temas, que no te abrumaré. Antes bien aplicaré aquello de «cariño, sí, conchudez, no». Lamento muchísimo que hayas perdido, gorilas mediante, lo mejor de mi repertorio. Al mal tiempo, buena cara, lo cual, allá en Oakland salvaje, seguro que se dice así: You can't shit upwards.

Ya me llegará tu D. H. Lawrence. No olvides que nosotros encarnamos como nadie aquello de «Todo llega en esta vida». Tus amigos gringos deben haberse enterado de que había dejado ya Limatambo, de retorno a Paríspascana. O sea que me lo habrán enviado por avión, Vía Láctea, o sea la que va echando leche.

Entretanto, mi afecto se eleva y serpentea por horizontes transatlánticos y llega a ti para aplastarte (provisionalmente) en un poderoso abrazo. Orden y calma, Su Majestad. Y bese y abrace a sus niños, como si fueran míos, también. No creo que lo habría hecho tan mal, en este caso. Y ello, sin aludir al santo varón y dilectísimo amigo chileno, Mr. Henry Kodax. Pero bueno, dice el anónimo popular: «La fotografía, como la filosofía, se desarrolla en un cuarto sumamente oscuro». París te adora, y chau,



7 из 198