– El conocimiento de todas las cosas – dijo Brendan-. Finney quería pescarlo y lo intentó durante muchos años. Dermot lo observaba pacientemente y un día, por fin, lo pescó. Se lo dio a Dermot para que lo cocinara para él, pero le advirtió que no podía probarlo. Dermot hizo lo que el pescador le dijo, pero mientras lo cocinaba le saltó una gota de salsa en el dedo y, dando un grito, se metió el dedo en la boca para mitigar el dolor.

– Así que probó el pescado -dijo Liam.

– Eso es -replicó Brendan-, y cuando se lo sirvió a Finney, se lo confesó.

– Entonces tienes que comerlo -le aseguró el maestro-. El salmón te dará un regalo muy preciado entre los poetas… el don de las palabras. Y después de eso, la poesía de Dermot se hizo famosa en toda Irlanda.

– ¿Vas a pelear otra vez con Angus? -quiso saber Liam.

– No -aseguró Brendan-. No me gusta pelear. Creo que me voy a hacer poeta como Dermot Quinn. Porque Dermot demostró que las palabras podían ser tan poderosas como las armas.

Brendan continuó pensando en los Quinn, en todos aquellos antepasados que habían llegado a ser grandes hombres. Y no sabía por qué, pero estaba seguro de que el futuro también le tenía reservado algo especial a él. Pero no lo encontraría si se quedaba allí. Tenía que ir a buscarlo.

Capítulo 1

Brendan Quinn estaba sentado en un rincón en penumbra del Longliner Tap. Tenía una cerveza en la mano y estaba observando a los clientes típicos de un viernes por la noche. El Longliner era un lugar muy popular entre los pescadores y sus familias; estaba situado en los muelles de Gloucester, en Massachusetts.

El barco de Brendan, El Poderoso Quinn, estaba atado a unos metros del bar. Aunque estaban casi en diciembre y habían bajado las temperaturas, el barco de su padre era cómodo y acogedor. Así que había decidido terminar en él su último libro.



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