– Vengo a sacar fotografías de la ciudad. Soy fotógrafo.

Mascardi volvió a lo que estaba diciendo:

– El sector está infiltrado de espías y, por si fuera poco, de activistas fanáticos. Para mi trabajo conviene que no sepan que soy de la repartición. Debemos tener presente que el día menos pensado me llega la orden de vigilarlos.

– Te elegiste un trabajo bastante bravo.

– No es para cobardes.

– Hasta peligroso me parece.

Bruscamente hosco, Mascardi replicó:

– No sólo para mí. Si alguna vez me liquidan, a lo mejor te liquiden a vos también, nada más que porque nos ven ahora, en esta mesa. No te hagas mala sangre: primero tienen que averiguar cuál es mi verdadero trabajo. -Retomando el tono amistoso dijo: -No sabía que le hacías la competencia al viejo Gentile.

– Cómo se te ocurre. Trabajo con él. Justamente, el mes pasado apareció por el negocio don Luciano Gabarret, para que le sacáramos un retrato. Gentile, ya se sabe, si está entretenido en el laboratorio, no se apura. El otro juntaba rabia. Para mí que no está acostumbrado a esperar.

– Qué va a estar. Es un potentado.

– Casi le aclaro que el patrón pone el trabajo por arriba de todo, pero de golpe don Luciano me preguntó si me tenían de adorno o si me habían enseñado a sacar fotografías. Le saqué doce al hilo. En colores.

– Es bastante colorado, si recuerdo bien.

– Muy colorado y tiene cara de loco. Los ojos pasan rápidamente, no sé cómo decirte, de expresar astucia a expresar furia, como si echaran chispas.

– Es bajito.

– Y redondo. Parece un trompo. La única persona que he visto con briches y polainas de cuero, en todo el partido de Las Flores.

Contó Almanza que a la mañana siguiente volvió Gabarret y, cuando vio el trabajo, cambió de manera notable. Hasta se le endulzó la cara. Almanza comentó:

– No vas a creer. A infinidad de señoritas les pasa lo mismo que a este hombre. Ven sus fotos y se ponen contentas.



13 из 110