
– ¿Está del todo seguro que nunca se pescó unas lindas purgaciones? Entiéndame bien: no es el momento de andar con tapujos. Por amor propio o por simple vergüenza no le haga al pobre viejo semejante regalito.
A esa altura de la conversación había comprendido de qué se trataba. Nunca había dado sangre, pero tenía conocidos que lo hicieron, sin que se les notara después el menor perjuicio; de modo que no se preocupó. La parte más fea de aquella transfusión fue el hedor de la pieza, bastante raro, y el aspecto del viejo, con ojeras francamente marrones, pálido como difunto. El viejo se las arregló para sonreír y comentar:
– Yo sabía que Almanza no iba a fallarnos.
III
Pareció entonces que la culminación del suceso hubiera sido la reacción favorable de don Juan y la suculenta merienda que le sirvieron a Almanza en el café contiguo. Las hermanas Lombardo insistieron en acompañarlo, porque no querían que pasase por alto este segundo desayuno. Explicaron:
– Tiene que reponer fuerzas.
Tan agradecidas se mostraban que para agasajarlo debidamente dejaron solo al enfermo. Se despedían cuando entró la patrona de la pensión.
– ¿El señor es el señor Almanza? -preguntó-. El señor Lombardo le pide que antes de irse tenga a bien subir un minuto a su pieza.
Almanza acudió. El feo olor prácticamente había desaparecido; lo reemplazaba, eso sí, el vago aroma propio de la casa. A lo que pudo ver, el señor Lombardo estaba más animoso. En cuanto a él sintió una momentánea sensación de malestar, como si faltara el aire. Atribuyó el hecho a su disgusto porque era tarde y por seguir demorándose. Pensó: “Es una vergüenza… Por lo menos si pudiera abrir la ventana, para que entren la luz y el aire de afuera”. Don Juan lo llamó:
– Atráquese a mi cama. Usted me salvó la vida, así que yo le debo una explicación. Cuando se le dijo que lo saludamos por tomarlo por forastero, faltamos a la verdad. No se me enoje ahora, que va a oír la explicación prometida. Maliciamos que era forastero, pero a qué negarlo, yo lo encontré enteramente parecido a mi hijo. Las chicas no me desmintieron.
