Rápidamente, dio un paso atrás. ¿En qué diablos estaba pensando? Por lo que él sabía, aquella mujer podría ser una prostituta con clase o la novia de un ladrón de guante blanco. El que fuera hermosa no significaba que fuera pura.

¿Cuántas veces había mirado a una mujer hermosa para oír de nuevo la voz de su padre en la cabeza? Todas aquellas advertencias ocultas tras las historias de Seamus. «Un Quinn nunca debe entregarle su corazón a una mujer. Mirad más allá de la belleza y descubriréis el peligro que os acecha.

Volvió a mirar hacia la ventana y vio cómo se rodeaba a sí misma con los brazos. Le temblaba todo el cuerpo. Cuando la mujer volvió a levantar la cabeza, Conor vio el rastro de las lágrimas sobre la hermosa piel de su rostro. Conor sintió que el corazón le daba un vuelco al ver la expresión de miedo que había en sus ojos, la cruda vulnerabilidad de su apariencia. Parecía tan pequeña y tan solitaria…

Si hubiera estado a su lado, la habría tomado entre sus brazos para ocultar sus sollozos contra su pecho. Sin embargo, el cristal actuaba como una barrera impenetrable, convirtiéndolo en poco más que un voyeur. Conor nunca había visto llorar a una mujer, a excepción de las prostitutas, que lo hacían solo para conseguir piedad.

Lloró durante mucho tiempo mientras Conor la observaba. Los recuerdos del dolor de su madre acudían a su mente. Sabía que debía marcharse y dejarla con la intimidad de su dolor, pero no podía. Sentía como si tuviera los pies pegados al suelo. Tuvo que luchar contra el impulso de abrir la puerta y entrar para consolarla. Fuera quien fuera, delincuente o no, se merecía un hombro sobre el que llorar.

Conor extendió una mano para girar el pomo de la puerta, pero, en aquel mismo momento, Danny entró en la sala con una bolsa de comida en la mano. Lentamente, Conor apartó la mano, atónito por la transformación que acababa de ver en el rostro de la mujer. Casi instantáneamente, la vulnerabilidad desapareció y su rostro adquirió una fría compostura. Con un gesto solapado, se secó las lágrimas y se volvió para mirar al recién llegado con una dura expresión en los labios.



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