Conor encendió el intercomunicador para poder escuchar la voz de Danny.

– Señorita Farrell, soy el detective Wright. Mi compañero y yo hemos sido asignados para protegerla hasta el juicio. Siento que haya estado esperando tanto tiempo, pero hemos estado preparándolo todo para poder alojarla en un lugar seguro.

Conor contuvo el aliento. ¿Aquella mujer era el testigo que tenían que proteger?

– Maldita sea -murmuró, tirando el cuadernillo sobre una mesa cercana.

Se había imaginado que tendrían que proteger a un contable o a un chivato repugnante. Considerando la reacción que la señorita Farrell había producido en él, pasar las siguientes dos semanas en su compañía iba a ser un infierno.

– No entiendo por qué no puedo desaparecer simplemente -dijo ella, con dureza-. Puedo marcharme a Europa. Tengo socios allí que estarían encantados de…

– Señorita Farrell, nosotros la protegeremos. No tiene nada de lo que preocuparse.

– No necesito que me protejan -espetó ella, de repente, sobresaltando a Danny-. Puedo protegerme yo sola. No quiero su ayuda.

Danny dio un paso atrás, atónito por aquel exabrupto.

– Pero… pero no podemos tener certeza de que regrese para declarar.

– ¿Y si decido no hacerlo? En ese caso, tendrán que dejarme marchar, ¿no?

– Tarde o temprano, Keenan la encontrará, señorita Farrell. Si no testifica contra él, estará muy pronto en la calle y no creo que quiera dejar cabos sueltos.

– ¿Es eso lo que soy? ¿Un cabo suelto?

– No… no es eso lo que quería decir. Solo le estaba diciendo lo que Keenan pensaría. Escúcheme, voy a buscar a mi compañero para que usted deje que le hable. Es un buen policía. Él tampoco consentirá que le ocurra nada.



19 из 135