– Todo saldrá bien. Te lo prometo.

– Por favor, no dejes que te disparen. No estoy segura de poder hacer esto yo sola. Además, me desmayo si veo sangre.

– Estarás bien. Si alguien te agarra, dale una buena patada en la entrepierna. Eso debería darte una buena ventaja.

Entonces, Conor desapareció entre las sombras de la habitación. Olivia esperó unos segundos y, tras armarse de valor, empezó a avanzar lentamente hacia el dormitorio. El corazón le latía fuertemente en el pecho.

Esperó durante lo que le pareció una eternidad, rezando porque el siguiente ruido que escuchara fuera la voz de Conor y no un disparo. Cuando oyó que alguien la llamaba suavemente desde el exterior, Olivia estuvo a punto de gritar de alegría. Saltó por la ventana y él la agarró, bajándola con cuidado al suelo.

– ¿Qué está pasando?

– No estoy seguro. El policía que relevó a Danny ya no está en su sitio. El coche y él han desaparecido.

Conor la rodeó con un brazo y la llevó hacia la playa. Solo entonces fue cuando ella notó que llevaba una pistola en la otra mano. Empezaron a andar por la playa. Después, se acercaron todo lo posible al agua y avanzaron en dirección opuesta. La oscuridad era total. El agua helada le inundaba los zapatos. Trató de tomar aliento, pero Conor le impidió detenerse. De vez en cuando, se paraban y escuchaban. Entonces, seguían andando.

Cuando ella creía que no podría seguir andando, Conor la llevó por encima de un muro hasta llegar a una casa. En silencio, hizo que entrara en su interior y luego cerró la puerta.

Olivia sentía que las rodillas se le doblaban. Conor la agarró por la cintura para soportar el peso. Entonces, le frotó la espalda para hacer que entrara en calor.

– Tranquila -murmuro-. Aquí estamos a salvo, al menos durante un rato.

– También se suponía que estábamos a salvo en la otra casa. ¿Qué ocurrió?



37 из 135