
– ¿No deberíamos buscar las llaves?
– Si no están en el contacto, haré un puente. Venga, mis hermanos estarán aquí antes del amanecer y quien nos está buscando continuará la búsqueda cuando salga el sol.
– Yo… no creo que pueda dormir.
– Haremos que entres en calor y te sentirás mucho mejor -musitó él, entrelazando sus dedos con los de ella.
Volvieron al interior de la casa y Conor la condujo al sofá. Entonces, se sentó a su lado y la tomó entre sus brazos. ¿Cómo habían intimado tan rápidamente? ¿Era el peligro al que se enfrentaban o era simplemente una táctica policial para hacer que ella cumpliera con todo lo que él le pidiera? Olivia cerró los ojos y se apoyó contra su hombro.
Hacía mucho que no estaba con un hombre. Últimamente, la búsqueda de antigüedades le había resultado mucho más satisfactoria que el amor. Sin embargo, nunca se había sentido tan cercana a otro hombre como se sentía con Conor. ¿Cuánto tiempo había estado buscando aquel sentimiento, la seguridad de saber que otra persona, aunque fuera prácticamente un extraño, se preocupaba por ella?
Olivia respiró profundamente y trató de calmar sus caóticos pensamientos. Sería tan fácil enamorarse de aquel hombre… Pero dentro de once días él desaparecería de su vida, dejando que ella tratara de juntar las piezas de su rompecabezas como si nada hubiera ocurrido.
No quería pensar en el futuro. En aquellos momentos, solo podía pensar en el presente, en el siguiente minuto, en la siguiente hora. Si pensaba demasiado en el futuro, el miedo se adueñaría de ella, dejándola demasiado aterrada para abrir los ojos, demasiado aterrada para respirar.
– Háblame -murmuró-. Podré dormirme si oigo tu voz.
– Pero si me has dicho que no soy un gran conversador.
– Me gusta el sonido de tu voz. Tiene magia.
