– Entonces, te contaré una historia mágica -dijo él, poniendo un fuerte acento irlandés.

Olivia escuchó a Conor mientras le contaba una fascinante historia de una hermosa hada llamada Etain. Le explicó pacientemente que las hadas, o las Sidh, no eran pequeñas criaturas aladas, sino de tamaño humano. Vivían en un mundo paralelo, un mundo que se reunía a veces con el mundo real cuando una cosa se convertía en otra, como el atardecer en noche, el amanecer en día, el verano en otoño…

Etain había embrujado a un rey con su belleza, pero cuando el hermano del rey la conoció, se enamoró de ella también. Conor llenó la historia de vivos detalles y, para cuando hubo terminado, Olivia se sentía completamente cautivada por las imágenes que él había evocado. Pensaba que era un hombre muy complejo, duro y calculador en el exterior y muy sensible en el interior.

– ¿Cómo sabes esa historia?

– Mi padre solía contárnosla. No estaba mucho en casa, así que tratábamos de memo-rizar todos los detalles para poder contárnosla nosotros mismos cuando él ya se había marchado. Era como una competición entre mis hermanos y yo para ver quién la podía contar mejor.

Sin pensar, ella levantó la mano y se la colocó en la mejilla. Conor la miró a los ojos y, durante un momento, Olivia estuvo segura de que iba a besarla. Pensó también en hacer ella misma el primer movimiento, curiosa por conocer cómo sería su sabor y sus labios.

– No deberíamos hacer esto -murmuró él, sin poder apartar los ojos de sus labios-. Tú eres testigo en un juicio y yo debo protegerte.

Olivia apartó la mano. No debería haber pensado que él se sentiría tan atraído por ella como ella por él. Era una fantasía desear al hombre que la estaba protegiendo y, al mismo tiempo, un modo de escapar de los problemas de su vida diaria.

– Lo siento.

– No tienes por qué -replicó Conor-, es algo bastante común. Tú tienes miedo, yo te protejo… Ocurre constantemente.



40 из 135