
Las olas le llevarían hacia la playa. Ella cambió de dirección y se tambaleó mientras iba hacia orilla y le vio otra vez un momento antes de que su cabeza desapareciera bajo el agua otra vez. Ella tomó una decisión, nadando fuertemente, y dos segundos más tarde su mano se cerró en torno al pelo recio. Ferozmente ella sacó con fuerza su cabeza por encima del agua, pero él estaba laxo, sus ojos cerrados.
– ¡No te mueras sobre mi! -le ordenó entre dientes, cogiéndole bajo los hombros y remolcándole hacia la playa.
Dos veces la marea golpeó sus pies haciendo que trastabillara, y cada vez pensó que se ahogaría antes de que pudiera luchar con el peso del hombre.
Después le llegó el agua por las rodillas, y él se dobló fláccidamente. Tiró fuertemente hasta que él estuvo casi completamente fuera del agua, luego dio un paso y cayó sobre sus rodillas en la arena, tosiendo y abriendo la boca. Con cada músculo temblándole por el cansancio, gateó sobre sus rodillas hasta él.
Capítulo Dos
Estaba desnudo. Su mente apenas registró ese hecho antes de olvidarlo, empujado por asuntos más prioritarios. Todavía jadeaba en busca de aire para si misma, pero se obligó a contener el aliento mientras le ponía la mano en el pecho para intentar detectar un latido, o el movimiento arriba y abajo de su respiración. Estaba quieto, demasiado quieto. No encontraba indicio de la vida en él, y su piel estaba tan fría.
