
Sabin analizó la situación y aceptó que tenía un cincuenta por ciento de posibilidades de alcanzar la parte superior, tal vez menos, dependiendo de cuan sorprendidos se hallaran por su movimiento. En cambio, no tendría ni una sola oportunidad si simplemente se sentase allí y esperara mantenerlos alejados con un rifle. Aunque no le faltaba la munición, ellos tendrían más. Moverse era un peligro que tenía que aceptar, así que no perdió el tiempo preocupándose por que sus opciones fueran disminuyendo. Necesitaba llegar tan alto en la escalera con el primer salto como pudiera. Agarrando el rifle firmemente, inspiró profundamente y saltó. Su dedo presionó el gatillo mientras se movía, el arma automática se sacudía en su mano al disparar haciendo que todo el mundo del otro barco tuviera que esconderse. Estiró la mano derecha y se aferró al escalón superior de la escalera, sus pies desnudos tocándolo apenas antes de seguir subiendo. Por el rabillo del ojo vio las ráfagas blancas en cuanto llegó a la parte superior y dos balas ardientes se estrellaron contra su cuerpo. Sólo el puro impulso y la determinación consiguieron que llegara a la cubierta superior, sin dejar que cayera sobre la inferior. Una oscura neblina casi oscureció su vista, y el sonido de su respiración era ruidoso en sus oídos.
Soltó el rifle.
– ¡Maldita sea! – ¡He soltado el rifle!, pensó furioso. Inspiró profundamente, rechazando a la fuerza la neblina negra que lo envolvía, y utilizando la fuerza que le quedaba para volver la cabeza. El rifle aún yacía allí, agarrado firmemente por su mano izquierda, pero no lo sentía. El lado izquierdo de su cuerpo se encontraba teñido por su sangre, a la luz menguante parecía casi negro. Su pecho se alzaba rápidamente mientras respiraba, Sabin alargó la mano derecha y cogió el rifle. El tacto del rifle en su mano hizo que viera las cosas un poco mejor, pero poco. El sudor resbaló por su piel como si fueran ríos, mezclándose con la sangre. Debía hacer algo, o caerían sobre él.
