
Ahora era algo indudable, y sintió una calma helada, mortalmente conveniente para él, como siempre le pasaba en las situaciones de batalla. No perdió el tiempo pensando en por cuántos hombres era superado; en vez de eso empezó a pesar y descartar opciones, cada decisión tomada en un segundo.
Un tenue crack rompió la tranquilidad crepúsculo, el sonido de los disparos se escuchaba sobre el mar abierto. Escuchó el suave silbido de la bala caliente, cuando atravesó el aire y se estrelló contra la cabina, astillando la madera. Con un movimiento suave como la seda Sabin apuntó y disparó, bajando la cabeza después, todo en un único movimiento fluido. No necesitó escuchar el grito que trasportó hasta él el aire para saber que había acertado; Sabin habría estado tanto asombrado como furioso si hubiese fallado.
– ¡Sabin! -la voz amplificada hizo eco a través del agua-. ¡Sabe que no tiene ni una oportunidad! Facilite las cosas para sí mismo.
El acento era una buena imitación, pero no realmente americano. La oferta era algo que había esperado. Su mejor oportunidad era dejarlos atrás; la velocidad de Wanda justamente era una de sus raras características. Pero para dejarlos atrás, debería llegar a los controles que se hallaban en la parte superior, lo que significaba exponerse a si mismo a que mientras subía las escaleras abrieran fuego contra él.
