Tal vez estuviera exagerando el problema. El hecho de criarse con una adicta la había vuelto sumamente suspicaz. Era normal y saludable que su madre se sintiera así. Lo mejor que le podía pasar era embarcarse en una relación amorosa sólida.

Bien, entonces dejaría que siguiera adelante, pero vigilaría la situación de cerca.

Eve estaba mirando la pantalla sin ver. Ya había hecho demasiado por hoy. Casi no quedaban dudas de que el cráneo pertenecía al pequeño Bobby Starnes.

Al salir del programa para apagar la computadora, vio el logotipo de Logan. Qué curioso cómo uno nunca prestaba atención a esas cosas. ¿Por qué diablos estaría Logan haciendo averiguaciones sobre ella? Seguro que no era cierto. Tenía que tratarse de un error. Su vida y la de Logan estaban en los extremos opuestos del espectro.

Se puso de pie y movió los hombros para aflojar la tensión. Empaquetaría el cráneo de Bobby, lo llevaría hasta la casa, junto con el informe, y los despacharía mañana por la mañana. No le gustaba tener más de un cráneo en el laboratorio al mismo tiempo. Joe se reía de ella, pero a Eve le parecía que no podía concentrarse completamente en el trabajo si veía otro cráneo esperando en silencio. De modo que enviaría el cráneo de Bobby y el informe a Chicago por expreso y en dos días sus padres sabrían que su hijo había vuelto a casa, que ya no era uno de los perdidos.

Déjala ir, Eve.

Su madre no comprendía que la búsqueda de Bonnie se había entretejido en la trama de su vida. Eve ya no podía distinguir cuál era el hilo de Bonnie y cuáles eran los de los otros perdidos. Y eso la volvía mucho más inestable que su madre, pensó con pesar.



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