
– Una mujer fuerte -murmuró Logan.
– E inteligente. Hace esculturas forenses y progresión cronológica además de superposición por vídeo y por computadora. No hay muchos en su profesión que sean expertos en tantas áreas. Habrás visto en esa nota de 60 minutos cómo reconstruyó la cara de ese chico que encontraron en los pantanos de Florida.
Logan asintió.
– Fue increíble. -Su mirada volvió a posarse en el vídeo. Eve Duncan, alta y delgada, estaba enfundada en jeans y un impermeable. Se la veía increíblemente frágil. El pelo largo hasta los hombros de color castaño rojizo estaba empapado y enmarcaba un rostro pálido y ovalado en el cual se podía ver sufrimiento y desesperación. Los ojos oscuros detrás de los lentes con marco de metal reflejaban la misma soledad y angustia. Logan apartó la mirada de la pantalla.
– ¿No hay otra persona tan buena como ella?
Novak sacudió la cabeza.
– Me pediste la mejor. Y la mejor es ella. Pero puede que no te sea fácil conseguirla. Está muy ocupada y prefiere trabajar en casos de niños perdidos. Supongo que lo tuyo no tiene nada que ver con un niño.
Logan no respondió.
– Por lo general, el dinero es muy persuasivo.
– Pero tal vez no signifique demasiado para ella. Podría estar ganando mucho más si aceptara un puesto en una universidad en lugar de trabajar en forma independiente. Vive en una casa alquilada en Morningside, una zona cercana al centro de Atlanta y tiene un laboratorio en un garaje reformado, detrás de la casa.
