
Ahora su carrera es más veloz. Los hombres vuelven a hacer fuego. También estas balas le pasan rozando.
«¡Que alguien lo detenga! ¡Cinco dólares de oro al que lo atrape!».
Pero las pocas personas que están tan temprano en la calle -en su mayoría traperos y jornaleros irlandeses que se dirigen al trabajo en tropel, con capachos o picos a las espaldas- no tienen el menor interés en detener al Negro, que tiene una mirada feroz, músculos enormes y una determinación aterradora. En cuanto a la recompensa, el ofrecimiento hecho a viva voz proviene de un agente de policía de la ciudad, lo que significa que detrás de la promesa no hay ningún dinero.
En los murales pictóricos de la calle 23, Charles Singleton tuerce hacia el oeste. Resbala en los brillantes adoquines y va a parar al suelo, dándose un tremendo golpe. Un policía montado da la vuelta en la esquina y, levantando su porra, se echa encima del hombre caído. Y entonces…
«¿Y?», pensó la chica.
¿Y?
¿Qué le sucedió?
Geneva Settle, de dieciséis años, volvió a girar el dial del lector de microfichas, pero éste ya no se movía más; había llegado a la última página de esa tira. Levantó el rectángulo metálico que contenía el artículo principal de la edición del 23 de julio de 1868 del Coloreds' Weekly Illustrated. Echando una ojeada a las otras transparencias que había en la caja polvorienta, se temió que faltaran las restantes páginas del artículo y que nunca pudiera averiguar qué le había sucedido a su antecesor, Charles Singleton. Sabía que los archivos históricos concernientes a la historia de los negros se hallaban a menudo incompletos, si no traspapelados para siempre.
¿Dónde estaba el resto del relato?
Ah… Finalmente, lo encontró y dispuso la tira en el estropeado lector gris, moviendo el dial con impaciencia para localizar la continuación del relato de la fuga de Charles.
La pródiga imaginación de Geneva -y los años que llevaba inmersa entre libros- la habían provisto de los medios para adornar la escueta versión periodística de la persecución del antiguo esclavo a través de las tórridas y fétidas calles de Nueva York en el siglo XIX.
