El ruido producido por millares de insectos invisibles, que seguramente son cigarras o una especie parecida de canto nocturno, es ensordecedor. Es un ruido estridente, uniforme, perfectamente regular y continuo, que procede de todos los lados a la vez y cuya presencia es tan violenta que parece localizarse en el oído mismo del paseante. Este, sin embargo, puede a menudo no advertirlo, debido a la total ausencia de interrupción y de cambio de intensidad o altura. Y de pronto, sobre este fondo sonoro, se destacan unas palabras: «¡Nunca!… ¡Nunca!… ¡Nunca!» El tono es patético, y hasta un poco teatral. La voz, aunque grave, es ciertamente la de una mujer, que debe de estar muy cerca, seguramente detrás mismo de la alta masa de ravenalas que bordea la avenida por la derecha. Afortunadamente la tierra blanda no hace el menor ruido bajo las pisadas de quien se aventura por allí. Pero, entre los delgados troncos coronados por su ramo de hojas en forma de abanico, sólo se distinguen otros troncos, cada vez más juntos, formando un bosque infranqueable que probablemente tiene una gran profundidad.

Al volverme, descubrí de pronto la escena: dos personajes inmovilizados en actitudes dramáticas, como bajo el influjo de una intensa emoción. Antes quedaban ocultos por un matorral bastante bajo, y fue al avanzar hasta el macizo de ravenalas y subir luego la pendiente de tierra desnuda cuando alcancé la posición desde la que era fácil divisarlos, en medio de un halo de luz azul procedente de la casa, repentinamente más cercana de lo que dejaba suponer el camino recorrido, y en un espacio bruscamente despejado justo en aquel lugar. La mujer lleva un vestido largo, de falda muy ancha, con los hombros y la espalda desnudos; está de pie, con el cuerpo bastante rígido, pero con la cabeza vuelta y los brazos esbozando un movimiento ambiguo de adiós, o de desdén o de expectación: la mano izquierda apenas separada del cuerpo, a la altura de la cadera, y la derecha levantada hasta el nivel de los ojos, con el codo medio doblado, y los dedos extendidos, abiertos, como si se apoyara en una pared de cristal.



10 из 140