
JT: ¿Piensa que los primates saben que son primates o creen que son humanos?
ID: Saben que son primates, pero no sé si eso significa lo que usted cree.
JT: Explíquese.
ID: Saben que ellos son bonobos y que nosotros somos humanos, pero eso no implica dominio, superioridad ni nada por el estilo. Colaboramos entre nosotros. De hecho, somos una familia.
John apagó la grabadora y cerró la tapa del portátil. Le habría encantado seguir hablando de los de su familia, pero como había rectificado inmediatamente lo había dejado pasar. También era interesante que, a continuación, hubiera dicho que los bonobos eran su verdadera familia. Tal vez consiguiera sonsacarle algo en la próxima entrevista. Estaba claro que habían conectado. Le preocupaba que en cierto momento esa conexión se hubiera transformado en otra cosa, aunque con cada kilómetro que pasaba se iba sintiendo mejor en relación a eso. Ella era indudablemente atractiva, de caderas estrechas, complexión atlética y con un pelo liso y rubio que le llegaba casi a la cintura, pero su encanto era natural y sobrio: no llevaba maquillaje ni joyas de ningún tipo y John dudaba que fuera consciente de su propio atractivo. Simplemente, habían sido simpáticos el uno con el otro. Puede que acabara confiando en él y le contara lo de su turbia historia familiar. Era el tipo de detalle que los lectores adoraban, aunque aquel artículo ya prometía tener muchos admiradores. Había hecho otro comentario interesante al ponerse la máscara de gorila para hacer una demostración en toda regla de «La caza del monstruo». Después de haber «atrapado» a Mbongo, habían rodado por el suelo haciéndose cosquillas y riendo. Aunque la de Isabel era una risa sincera y sonora y la de él un resuello casi imperceptible, la expresión de su cara no dejaba lugar a dudas de que efectivamente era una risa.
