
Le dio un sorbo al café y reflexionó. Lo que realmente debería hacer era transcribir la entrevista con Isabel mientras todavía la tuviera fresca y anotar los detalles extra orales: muecas, gestos y el inesperado y entrañable momento en que había empezado a comunicarse por signos. Enchufó los auriculares a la grabadora y le dio al play.
ID: Así que esta es la parte en que hablamos de mí.
JT: Sí.
ID: [Risa nerviosa]. Genial. ¿No podríamos hablar de cualquier otro?
JT: No. Lo siento.
ID: Me lo temía.
JT: ¿Qué la llevó a dedicarse a este tipo de trabajo?
ID: Asistí a una clase con Richard Hughes, el fundador del laboratorio, y habló un poco del trabajo que estaba llevando a cabo. Me quedé absolutamente fascinada.
JT: Hace poco que ha fallecido, ¿verdad?
ID: Sí. [Pausa]. Cáncer de páncreas.
JT: Lo siento.
ID: Gracias.
JT: Volvamos a lo de la clase. ¿Era de lingüística? ¿De zoología?
ID: De psicología. De psicología conductual.
JT: ¿Es esa la carrera que ha estudiado?
ID: La primera. Creo que pensaba que me ayudaría a entender a mi familia. Un momento, ¿puede borrar eso?
JT: ¿El qué?
ID: Lo de mi familia. ¿Puede eliminarlo?
JT: Claro, no se preocupe.
ID: [Gesto de alivio]. Uf, gracias. Vale; entonces, yo era básicamente una joven de primero de carrera sin rumbo que estudiaba psicología, y cuando oí hablar del proyecto de los monos y fui a verlos, ya no me pude imaginar haciendo otra cosa en la vida.
