
A través del sistema solar, las sirenas de alarma entonaron su réquiem.
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LAS CRIATURAS DE MORGAN
ENLACE EN CADENA COMPLETO. PERMANEZCAN A LA ESPERA DE LA CONEXIÓN PARA LA CONFERENCIA.
La voz, incorpórea y tintineante, sonaba en todas partes. En los pocos segundos previos a la conexión final del Enlace, el embajador ante el Grupo Estelar se volvió hacia los dos hombres que permanecían ante él en la cúpula.
—Quiero que comprendan muy claramente la situación —dijo—. Aunque la audiencia tiene lugar en la Cámara Estelar, no hay de momento ningún cargo criminal en curso. Esto es, estrictamente, un encuentro entre embajadores. Su testimonio debe ser tan adecuado y completo como sea posible. ¿Comprendido?
El embajador Dougal Macdougal era un individuo alto e impresionante, a quien las antiguas y tradicionales togas de su oficio, pasadas de un embajador al siguiente, le sentaban como si le hubieran sido hechas a medida. Su frente era noble; su mandíbula casi demasiado firme.
Los otros dos hombres intercambiaron una brevísima mirada y luego asintieron.
—¡No se queden ahí moviendo la cabeza sin más! —exclamó Dougal Macdougal—. ¡Díganlo! Necesitamos grabar su compromiso explícito. Ya tenemos demasiados problemas. No quiero añadir ningún otro.
—Comprendo perfectamente —dijo Luther Brachis.
Rivalizaba con Macdougal en altura, aunque era mucho más ancho. Incluso en la baja gravedad de Ceres sus pisadas sacudían el suelo blanco y dorado de la Cámara Estelar. En el pectoral izquierdo de su uniforme de combate llevaba una brillante falange de condecoraciones militares; el resplandeciente cúmulo de estrellas de la Seguridad Solar blasonaba su manga derecha. Sus ojos, de color gris azulado, miraron firmemente a Dougal Macdougal. Su ancha boca se estiró apenas un milímetro hacia la mandíbula. Para Luther Brachis, aquello era el equivalente a un estallido de furia.
