Y que acaba enrolándose como comisario político en una expedición a la busca de la mítica Anticiudad. Yvonee Howell, en su tesis doctoral Apocalyptic Realism: The Science Fiction of Arkadi and Boris Strugatsky (1994) señala el parecido en la estructura de la novela con los círculos del Infierno de Dante: el Infierno, en la obra de Dante, está estructurado verticalmente; en la novela de los Strugatsky, horizontalmente, e identificado con el entorno rural del comunismo soviético. La vida en este más allá refleja una lucha constante contra las vicisitudes y las privaciones del sistema socialista, donde Voronin completa un círculo: muere otra vez y vuelve junto a Katzman al Leningrado bajo asedio.

La novela está escrita con un atento cuidado a los más ínfimos detalles, repleta de alusiones y citas de la literatura mundial, gran parte de las cuales pueden pasar inadvertidas para el lector esporádico occidental, pero sobre la que destaca una de ellas: «Los manuscritos no arden», de El maestro y Margarita, de Bulgakov. Pero incluso sin un conocimiento exhaustivo. Ciudad maldita es una poderosa sátira social llena de humor y de fantasía, desde la invasión de los babuinos a la visión del gran estratega en el Edificio Rojo, quien no puede ser otro que Stalin, hasta la grotesca estatua ambulante. A pesar de las imágenes rebosantes de imaginación, los Strugatsky se caracterizan por ser unos cuidadosos y realistas cronistas de la vida cotidiana soviética y rusa. El comunismo de marca soviética ha desaparecido, pero no así los problemas que de forma precisa y rica señalaron los Strugatsky, pues son universales.

Franz Rottensteiner




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