David Liss


La compañía de la seda

Benjamin Weaver 03

Título original: The Devil's Company

© 2007, David Liss

© 2007, Francisco Javier Calzada, por la traducción

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En mi juventud sufrí demasiado de cerca la proximidad de las mesas de juego de toda clase y condición, y vi horrorizado cómo la Diosa de la Fortuna repartía dinero, a veces no exactamente el mío, en las manos de otros. Como hombre ya más maduro, a punto de entrar en la tercera década de la vida, he tenido el buen juicio de no entregarme a herramientas tan peligrosas como son los dados y las cartas, instrumentos dañinos que no hacen ningún bien más que el de darle al hombre esperanza antes de precipitarse a sus fantasías. Sin embargo, nunca me resultó difícil hacer una excepción en las raras ocasiones en que era dinero de otro hombre lo que tenía en mi bolsa. Y si aquel otro hombre había montado una martingala que garantizara que los dados rodarían en mi favor o que me vendrían las mejores cartas, tanto mejor entonces. Tal vez los moralistas más escrupulosos sugerirán que alterar ilícitamente las probabilidades a favor de uno es lo más bajo en lo que un hombre puede caer. Esos hombres también dirán que es preferible ser un ladrón, un asesino, incluso un traidor a su país, a hacer trampas en la mesa de juego. Quizá sea así, pero yo hacía trampas al servicio de un generoso patrón y eso, en mi espíritu, acallaba los ecos de la duda.

Empiezo esta narración en noviembre de 1722, ocho meses después de los sucesos de las elecciones generales sobre las que he escrito anteriormente. Las turbias aguas de la política habían inundado Londres unos meses antes y ciertamente toda la nación, pero una vez más la marea se había retirado sin dejarnos más limpios.



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