
Abandono y silencio. Cargadas con todos los ruidos de la mayor ciudad de China, las ondas zumbadoras se perdían allí, como en el fondo de un pozo los sonidos procedentes de las profundidades de la tierra: todos los de la guerra, y las últimas sacudidas nerviosas de una multitud que no quiere dormir. Pero era lejos donde vivían los hombres; allí, nada quedaba del mundo, como no fuese una noche, en la cual Chen se ponía de acuerdo con su instinto, como adquiriendo una amistad súbita: aquel mundo nocturno, inquieto, no se oponía a su crimen. Mundo en que los hombres habían desaparecido; mundo eterno. ¿Volvería el día, acaso, sobre aquellas tejas podridas, sobre todas aquellas callejuelas, en el fondo de las cuales una linterna iluminaba un muro sin ventanas o un nido de hilos telegráficos? Existía un mundo del crimen, y él se hallaba en ese mundo, como en el calor. Ninguna vida; ninguna presencia; ningún ruido próximo. Ni siquiera los gritos de los modernos comerciantes; ni siquiera los ladridos de los perros abandonados…
Por fin, una tienda mugrienta: Lu-Yu-Shuen y Hemmelrich, Fonos. Había que volver entre los hombres… Esperó algunos minutos, sin entregarse por completo, y por fin golpeó un postigo. La puerta se abrió casi inmediatamente: era una tienda llena de discos alineados con cuidado, con un vago aspecto de biblioteca pobre; luego, la trastienda, grande, desnuda, y cuatro camaradas en mangas de camisa.
Al cerrarse de nuevo, la puerta hizo que oscilase la lámpara. Los semblantes desaparecieron y volvieron a aparecer. A la izquierda, muy orondo, Lu-Yu-Shuen y la cabeza de boxeador inutilizado de Hemmelrich, rapado, con la nariz rota y los hombros hundidos. Detrás, en la sombra, Katow. A la derecha Kyo Gisors; al pasar por encima de su cabeza, la lámpara marcó exageradamente las comisuras caídas de su boca de estampa japonesa; al alejarse, apartó la sombra, y aquel rostro mestizo casi pareció europeo. Las oscilaciones de la lámpara se fueron haciendo cada vez más cortas. Los dos semblantes de Kyo fueron apareciendo alternativamente, cada vez menos diferentes el uno del otro.
