
– Ya, pero a ver qué podemos confirmar. Llama al doctor Herzlich. ¿Estuvo ayer en la iglesia?
– Sí.
– Ya me lo parecía. Llámalo e indaga un poco. En principio, mañana le toca guardia en St. Francis. Llama a la comisión de libertad condicional, a ver qué averiguas.
– ¿Y se puede saber qué harás tú, mientras yo les saco humo a los teléfonos?
– Navegar por internet, tratando de encontrar algo sobre el asesinato, el juicio, el acusado y todo lo demás.
Se levantaron. Ahora tenían prisa.
– ¿Y si todo es verdad, Keith? -preguntó Dana-. ¿Y si nos convencemos de que ese mal bicho dice la verdad?
– Pues algo tendremos que hacer.
– ¿Como qué?
– No tengo ni la más remota idea.
Capítulo 2
El padre de Robbie Flak compró la antigua estación ferroviaria del centro de Slone en 1972, cuando Robbie aún iba al instituto, justo antes de que el ayuntamiento la derribase. El señor Flak padre había ganado algo de dinero demandando a empresas prospectoras, y necesitaba gastar una parte. Él y sus socios reformaron la estación y se establecieron allí durante veinte años francamente prósperos. No es que fueran ricos, al menos según criterios texanos, pero eran abogados de éxito, y el pequeño bufete tenía buena reputación en la ciudad.
Entonces llegó Robbie. Empezó a trabajar en el bufete antes de cumplir los veinte años, y los demás abogados no tardaron mucho tiempo en descubrir que era distinto. Mostraba poco interés por los beneficios, pero le consumía la injusticia social. Instaba a su padre a aceptar casos de derechos civiles, de discriminación po4r edad o sexo, de especulación inmobiliaria, de brutalidad policial… El tipo de trabajo que en una ciudad pequeña del Sur puede condenar al ostracismo. De gran inteligencia y desparpajo, Robbie se graduó en tres años, en el Norte, y sus estudios en la Facultad de Derecho de la Universidad de Texas en Austin fueron un paseo. No hizo una sola entrevista de trabajo; ni una sola vez pensó en trabajar en otro sitio que en la estación ferroviaria del centro de Slone, donde había tanta gente a quien quería demandar, tantos clientes maltratados y humillados que lo necesitaban…
