Durante buena parte de su vida adulta, Hugh Cabot había sido administrador en casa de Robert Lindsay, hermano de Agnes Bolton. Pero, ahora, Lindsay debía encontrarle un lugar en la vida a su segundo hijo, de modo que Hugh perdería el empleo. Esa información había llegado a oídos de Agnes porque su cuñada era una chismosa. Tratando de aplacar la ira de Henry, le contó lo que sabía y recuperó así el favor de su esposo, pues Bolton comprendió la sencilla solución que su esposa acababa de presentarle para su problema.

Mandaron buscar a Hugh Cabot, que habló con Henry Bolton y llegaron a un acuerdo. Hugh desposaría a Rosamund, de seis años, y supervisaría Friarsgate. A cambio, tendría un hogar y viviría cómodamente el resto de sus días. Hugh vio cuál era la intención de Henry Bolton, pero, como no tenía opción, aceptó. No le caía para nada bien su involuntario benefactor, pero tampoco era un tonto de remate, como creyó Henry. Hugh pensó que, si vivía lo suficiente, podría influir a su esposa niña y enseñarle a proteger sus propios intereses contra su avaro tío.

Agnes Bolton quedó embarazada otra vez. A diferencia de sus muchos embarazos anteriores, parecía que este llegaría a buen término, como con John. Henry hizo arreglos inmediatos para regresar a su casa, Otterly Court, que era parte de la dote que su esposa había aportado al matrimonio. Estaba feliz, convencido de que el ser que su esposa llevaba en el vientre era el tan anhelado hijo varón. Cuando Hugh Cabot finalmente muriera, pensaba Henry, casaría a su hijo con Rosamund. La herencia de Friarsgate volvería a su firme puño.

Al fin, Henry y su esposa empacaron y estuvieron listos para partir. Llegó el día de la boda. El novio era alto, y su dolorosa delgadez, combinada con sus cabellos blancos, acentuaba la impresión de fragilidad.



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