
Él rió.
– Me malentiendes, Rosamund -respondió, con suavidad-. No deseo ponerte en contra tu familia pero, si yo fuera tu padre, querría verte independizada de ellos. Friarsgate te pertenece a ti, niña, no a ellos. ¿Conoces la divisa de tu familia?
Ella negó con la cabeza.
– Tracez Votre Chemin. Significa Traza tu propio camino -le explicó.
– Por favor, vive mucho tiempo, Hugh, así podré elegir a mi próximo esposo por mí misma -respondió con alegría.
Él rió con ganas. Ella pensó que era un sonido muy bonito. Rico, profundo, sin dejo alguno de malicia.
– Lo intentaré, Rosamund.
– ¿Cuántos años tienes?
– Hoy es veinte de octubre. El noveno día de noviembre cumpliré sesenta. Soy muy viejo, niña.
– Sí, así es -aceptó ella, muy seria, asintiendo.
Él no pudo evita reír otra vez.
– Seremos amigos, Rosamund -le dijo. Entonces se puso de rodillas ante ella, le tomó una mano y le dijo-: Te prometo, Rosamund Bolton, en el día de nuestra boda, que siempre te pondré a ti y los intereses de Friarsgate ante cualquier otra cosa, mientras tenga vida -y besó su mano.
– Creo que confiaré en ti. Tienes ojos bondadosos. -Apartó la mano y le sonrió con picardía-. Me alegro de que te hayan elegido para mí, Hugh Cabot, aunque creo que, si mi tío Henry hubiera sabido cómo eres, no te habría escogido, sin importar la deuda de mi tía.
– Mi esposa niña, sospecho que tienes una cierta debilidad por la intriga, lo que me resulta interesante en alguien tan joven.
– No sé qué quiere decir intriga. ¿Es bueno?
– Puede serlo. Te enseñaré, Rosamund -le aseguró-. Necesitarás recurrir a todo tu entendimiento cuando yo me haya ido y ya no pueda protegerte. Tu tío no será el único que desee quedarse con Friarsgate por tu intermedio. Algún día puede haber un hombre más fuerte y más peligroso que Henry Bolton. Tienes buen instinto. Necesitarás solo mi tutelaje para sobrevivir y fortalecerte.
