
Los nuevos dueños del número 12 eran un grupo de Lores… eso es lo que había oído Toby, pero ¿quién podía asegurarlo? Al menos eran caballeros de la aristocracia. Aparentemente estaban remodelando la casa, pero ninguno de ellos planeaba vivir allí… lo cual era indiscutiblemente una circunstancia de lo más rara y claramente sospechosa. Combinada con todo lo demás que había estado pasando… Leonora estaba determinada a descubrir si había alguna conexión.
Durante los tres últimos meses, ella y su familia habían sido objeto de un tenaz hostigamiento que apuntaba a persuadirlos a vender su casa. Primero había habido un acercamiento a través de un agente local. De la persuasión obstinada, los argumentos del agente habían degenerado a la beligerancia y la hostilidad. No obstante, al final, había convencido al hombre, y presumiblemente a sus clientes, de que su tío no vendería.
Su alivio había sido efímero.
A las pocas semanas, hubo dos intentos de asaltar la casa. Ambos habían sido frustrados, uno por el personal de servicio, el otro por Henrietta. Podría haber desestimado los incidentes como coincidencias si no hubiera sido por los subsiguientes ataques hacia su persona.
Esos habían sido mucho más aterradores.
No le había hablado a nadie más que a Harriet acerca de esos incidentes, ni a su tío Humphrey ni a su hermano Jeremy ni a ningún otro miembro del personal. No tenía sentido alarmar al personal, y en cuanto a su tío y su hermano, si conseguía hacerles creer que los incidentes efectivamente habían ocurrido y no eran una invención de su poco fiable imaginación femenina, sólo restringirían sus movimientos, entorpeciendo adicionalmente su capacidad para lidiar con el problema. Identificando a los responsables y las razones que tenían, y asegurándose de que no hubieran futuros incidentes.
