
– ¿Quiere decir que la víctima podría escapar del asesino, o el general evitar la batalla, si pasasen a una diferente rama del tiempo en un momento determinado? Debe estar usted bromeando, señor Leszczycki.
Pero Leszczycki no estaba bromeando.
– No cabe duda -insistió-. Sólo hay que hallar el punto de bifurcación.
– ¿Y quién puede hacer eso?
– Yo puedo hacerlo, un poco. ¿No le interesa saber por qué puedo hacerlo?
– No ¿Por qué un poco?
– La reconstrucción del tiempo hasta en la escala de un año es un proceso complejo. Se necesita una gran cantidad de energía: millares de millones de kilovatios, y yo he tenido que trabajar como un alquimista, mas o menos como el solitario psicópata científico que sin duda ha imaginado usted. Así que, por el momento, sólo he hecho un selector. Naturalmente, este término es sólo aproximativo, pero el aparato tiene una función selectiva: selecciona el sector de bifurcación en donde comienza el sistema de lectura diferente. Tiene una capacidad de no más de una hora, a veces incluso menos, depende de la intensidad de cada tiempo, y es de acuerdo con esa intensidad como se ajusta el selector, puede escoger de todas las variantes de su futuro próximo la media hora, o la hora, más intensa.
– ¿Y luego?
– Uno regresa al punto inicial. El aparato no está adecuado para utilizar mayor energía. Naturalmente, con las fuentes de energía de que dispone, digamos, la física nuclear, podría reconstruir el tiempo en la escala de un siglo ¿Y quién me iba a dar esos medios?, se preguntará usted. Probablemente el Pentágono me los daría. Y Hitler hubiera dado media Europa por esa posibilidad en el cuarenta y tres. Y cuando los Rockefeller comprendiesen sus implicaciones, me convertirían en un dios. Pero en ese punto yo digo francamente «no», y cierro la tienda. La humanidad aún no es lo bastante adulta para tal regalo.
