Antonio Garrido


La escriba

Año 799 de Nuestro Señor Jesucristo

Ciudadela de Würzburg. Alta Franconia

Y el diablo llegó para quedarse.


Ya no sé por qué escribo: ayer murió Theresa, y tal vez pronto la acompañe. Hoy no hemos comido nada. Lo que consigo en el scriptorium apenas nos alcanza. Todo está desierto. La ciudad se muere.


Gorgias depositó la tablilla de cera en el suelo y se tumbó sobre el camastro. Antes de cerrar los ojos, rogó por el alma de su hija. Luego sólo alcanzó a recordar los terribles días que precedieron a la hambruna.

Noviembre

Capítulo 1

El día de Todos los Santos, en Würzburg no amaneció. Bajo la penumbra, los primeros jornaleros abandonaron sus viviendas y partieron hacia los campos, señalando el cielo sucio e hinchado como el vientre de una enorme vaca. Los perros olisquearon el temporal y aullaron, pero hombres, mujeres y niños continuaron su cansino desfile como un ejército sin alma. Poco después, una vorágine de nubarrones cegó el firmamento, y al rato vomitó tal torrente de agua que hasta los campesinos más avezados temblaron augurando la venida del fin del mundo.

Theresa aún dormitaba cuando su madre la avisó. La joven escuchó aturdida el golpeteo del granizo que amenazaba con derrumbar el tejado de zarzo y al instante comprendió que debía apresurarse. En un abrir y cerrar de ojos, madre e hija recogieron el pan y el queso que había sobre la mesa, añadieron algo de ropa a un hatillo improvisado y, tras asegurar puertas y ventanas, se unieron a la turba de desesperados que corría a guarecerse en la parte alta de la ciudad.



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