
– No tiene sentido que yo persiga a millonarios -suspiró ella-. No tengo buen tipo.
– ¿Quién lo dice?
– Lo digo yo.
El mecánico miró su figura alta y muy delgada.
– Puede que seas demasiado plana de pecho -admitió.
– Ben, debajo de estos vaqueros viejos soy plana de todo -sonrió ella-. Es inútil. A los millonarios les gustan las mujeres… -trazó una figura voluptuosa en el aire con las dos manos-. Y yo nunca he sido así. Y tampoco tengo el pelo adecuado. Necesitas melena larga y rizada y no… -señaló su pelo liso cortado a estilo juvenil.
Era de un color rojo fuerte que destacaba como un rayo de luz y atraía la atención hacia ella. Imposible no fijarse en Selena. Lista, traviesa, independiente y optimista hasta la locura, estaba segura de no necesitar a nadie.
– Además -dijo-. A mí no me gustan los millonarios. No son personas reales.
Ben se rascó la cabeza.
– ¿No lo son?
– No -dijo Selena, con la seguridad del que declara un artículo de fe-. Tienen demasiado dinero.
– Dinero es lo que necesitas tú ahora. O un milagro.
– Un milagro sería más fácil -dijo ella-. Y encontraré uno. No, me encontrará él a mí.
– ¡Maldita sea, Selena! ¿Quieres intentar ser un poco realista?
– ¿Para qué? ¿De qué me ha servido nunca ser realista? La vida es más divertida si esperas lo mejor.
– ¿Y cuando lo mejor no sucede?
– Pues piensas en otra cosa buena y la esperas. Ben, no sé cuándo ni cómo, pero te prometo que yo encontraré un milagro.
Leo Calvani estiró las piernas todo lo que pudo, que no era mucho. El vuelo de Roma a Atlanta duraba doce horas y él viajaba en primera clase porque, si uno medía un metro noventa, con piernas de noventa centímetros, necesitaba toda la ayuda que pudiera encontrar.
Normalmente no se consideraba un hombre de «primera clase». Rico, sí. Podía permitirse lo mejor sin problemas, pero las tonterías lo ponían nervioso. Las ciudades y la ropa elegante también. Por eso vestía sus vaqueros más viejos y la chaqueta vaquera, combinados con zapatos gastados. Era su modo de declarar que la primera clase no iba a poder con él.
