¿Por qué había elegido una vida errante que parecía ofrecerle tan poco?

Y había otra cosa muy clara. El accidente la había privado de casi todo lo que tenía.

Pero no tuvo mucho tiempo para pensamientos sombríos. La hospitalidad de Texas le abrió los brazos y él se echó alegremente en ellos, disfrutando de cada momento y diciéndose que ya tendría tiempo de descansar más tarde. Entre la abundancia de comida, bebida, música y chicas guapas con las que bailar, las horas pasaban sin darse cuenta.

En algún momento se preguntó cómo estaría Selena y si volvería a tener hambre.

Llenó un plato con bistec y patatas, tomó unas latas de cerveza bajo el brazo y se dirigió hacia la casa. Pero algo lo hizo mirar antes en los establos, donde encontró a la joven mirando a ElIiot.

– ¿Cómo está? -preguntó Leo.

Selena dio un salto.

– Está mejor. Se ha tranquilizado mucho.

Ella también estaba mejor. Sus mejillas tenían color y le brillaban los ojos. Leo le mostró el plato y ella miró el bistec con ansia.

– ¿Es para mí?

– Claro que sí. Vamos afuera.

Encontró un haz de heno firme y se sentaron juntos. Le pasó una cerveza y ella echó la cabeza hacia atrás y la bebió casi de un trago.

– ¡Oh, qué bien sienta! -suspiró.

– Hay mucha más -comentó él-. Y también mucha más carne. ¿Por qué no se une a la fiesta?

– Gracias, pero no.

– ¿Aún no le apetece divertirse?

– No es eso. Estoy mejor y he dormido bien, pero la idea de toda esa gente mirándome y pensando que mi voz no está bien… que nada está bien…

– ¿Quién dice que no esté bien?

– Yo. Esta casa… todo esto me da escalofríos.

– ¿Nunca ha estado en una casa así?

– Oh, sí, muchas veces, pero no entrando por la puerta principal. He trabajado en sitios parecidos fregando suelos, limpiando la cocina, cosas así. Aunque prefería trabajar en los establos.



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