La vía subía con una inclinación de unos treinta grados. Cuando faltaba cosa de un kilómetro para llegar al final de la rampa, surgió una enorme llamarada de la cola del cohete. Una columna de humo lo envolvió. Después de esto llegó hasta nosotros una explosión ensordecedora. Unos segundos después una fuerte onda de aire llegó hasta nosotros. El cohete, dejando tras de sí una columna de humo, se enderezó hacia el cielo, rápidamente fue empequeñeciéndose hasta llegar a ser sólo un punto negro y se esfumó.

Llegamos hasta el mismo cohetódromo. Pero, ¡ay! el de la barba negra no estaba entre los que se habían quedado.




V–Candidato a vivir en el cielo



Tonia se mezcló entre la muchedumbre y empezó a preguntar a todo el mundo: ¿no habían visto a un hombre con barba negra?

Las gentes se miraban, hacían memoria, y, finalmente, un hombre vestido de piel blanca con una visera también blanca dijo:

— Ese será seguramente Evgenev.

— Claro, Evgenev. Hoy no había otro con barba negra — confirmó otro.

— ¿Dónde está? — preguntó con agitación Tonia.

El hombre levantó el brazo señalando hacia el cielo.

— Allí. Está traspasando la estratosfera. Camino de la Estrella Ketz.

Tonia palideció. La tomé por el brazo y la lleve al taxi.

— Vamos al hotel — dije.

Tonia estuvo callada todo el camino. Sumisamente apoyada en mi brazo subió la escalera. La llevé a la habitación y la senté en un sillón. Así quedó, sentada, con la cabeza echada hacia atrás y con los ojos cerrados. ¡Pobre Tonia! ¡Con qué agudo sentimiento sufre su fracaso! Pero al menos ahora ha terminado todo. No vamos a estar esperando en la ciudad de Ketz hasta que regrese el de la barba negra de su viaje interplanetario.



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