
— Veo que tendré que ir sola — dijo ella levantándose—. Esto complica la cosa pero puede ser que la suerte me permita hallar al de la barba negra sin su ayuda. Adiós, Artiomov. Le deseo mucho éxito en la maduración.
— ¡Pero oiga, Antonina Ivanovna…! ¡Tonia…!
Pero ya había salido de la habitación.
¿Ir tras ella? ¿Volverla? ¿Decirle que estoy de acuerdo…? ¡No, no! Es necesario demostrar carácter. Ahora o nunca.
Y yo mantuve mi carácter toda la tarde, toda una noche de insomnio, toda la brumosa mañana del día siguiente. En el laboratorio no podía ni mirar las ciruelas objeto de mis experimentos.
Tonia, claro, va a ir sola. Ella no va a ceder ante ningún obstáculo. ¿Qué va a suceder en el Pamir, cuando encuentre al de la barba negra y a través de él a Paley? Si yo pudiera estar en el encuentro, se aclararían mis muchas dudas. Yo no voy a ir con Tonia, esto significa la ruptura. No en balde, al marchar, ella dijo «adiós». Pero hay que mantener la posición, hay que demostrar carácter. Ahora o nunca.
Está claro que yo no voy a ir. Pero no hay que ser descortés, aunque sólo sea por amabilidad, tengo que ayudar a Tonia a prepararse para el viaje.
Y he aquí que no habían dado aún las cuatro, y saltaba los peldaños de cinco en cinco, bajando del cuarto piso. Al igual que un héroe del cine norteamericano, subí en marcha al trolebús y corrí hacia casa. Parece ser que irrumpí sin llamar en la habitación de Tonia y grité:
