Iain Banks

La fábrica de las avispas

Para Anne

1. LOS POSTES DE SACRIFICIO

Había estado haciendo la ronda por los Postes de Sacrificio el día en que nos dijeron que mi hermano se había escapado. Ya sabía yo que algo iba a ocurrir; la Fábrica me lo había dicho.

En el extremo norte de la isla, cerca de los abatidos restos del embarcadero en donde el viento del este sigue haciendo sonar el manubrio del herrumbroso cabrestante, tenía dos Postes en la ladera que da al mar de la última duna. Uno de los Postes sostenía una cabeza de rata con dos libélulas, el otro una gaviota y dos ratones. Cuando estaba volviendo a poner en su sitio una de las cabezas de ratón, los pájaros levantaron el vuelo en el aire del atardecer, graznando y chillando, y se pusieron a dar vueltas encima del camino entre las dunas, por donde quedan sus nidos. Me aseguré de que la cabeza quedara bien sujeta y a continuación trepé hasta la cima de la duna para observar con los prismáticos.

Diggs, el policía del pueblo, se acercaba en su bicicleta, pedaleando esforzadamente con la cabeza baja, pues las ruedas se le hundían en el terreno arenoso. Se bajó de la bicicleta en el puente, la dejó apoyada contra los cables de suspensión, y caminó hasta la mitad del puente colgante, donde está la cancela. Podía ver cómo apretaba el botón del timbre. Se quedó allí un rato, contemplando las calladas dunas y los pájaros que se iban posando. No me vio porque me había escondido muy bien. Entonces mi padre debió de oír el timbre en la casa, porque Diggs se agachó ligeramente para hablar por el interfono que hay junto al botón y a continuación empujó la puerta, cruzó el puente y llegó a la isla, encaminándose a la casa por el sendero. Cuando desapareció por detrás de las dunas me quedé sentado un rato rascándome la entrepierna mientras el viento jugaba con mis cabellos y los pájaros retornaban a sus nidos.



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