—¡Nada! Lo único que decía es…

—¡Maldito desgraciado! —exclamó—. Me estás acusando otra vez de quemar perros, ¿no? Y supongo que también me dedico a meter gusanos y larvas en las bocas de los niños y mearme encima, ¿eh? —dijo a grito pelado.

—Bueno —dije con calma, jugando con el cable del teléfono—, ya que lo mencionas…

—¡Cabrón! ¡Cabrón! ¡Desgraciado de mierda! ¡Te mataré! Tú… —Su voz se desvaneció y tuve que volver a retirarme el auricular del oído cuando empezó a golpear el teléfono contra las paredes de la cabina. Los porrazos sonaban sucesivamente por encima de los tranquilos pitidos que anunciaban el final de la llamada. Colgué el teléfono.

Miré hacia arriba pero Padre seguía sin dar señales de vida. Subí silenciosamente las escaleras y metí la cabeza entre las barandillas pero no había nadie en el rellano. Suspiré y me senté en los escalones. Tuve la impresión de que no había tratado a Eric con mucho tacto por teléfono. Erie es mi hermanastro y llevo más de dos años sin verlo, desde que se volvió loco.

Me levanté y volví a la cocina para cerrar la puerta y coger mis cosas, y después me fui al cuarto de baño. Decidí mirar la televisión en mi cuarto, o escuchar la radio e irme a dormir pronto para poderme despertar temprano y salir al amanecer a por una avispa para la Fábrica.

Me quedé tendido en la cama escuchando a John Peel por la radio, y el ruido del viento alrededor de la casa y el romper de las olas en la playa. Debajo de la cama mi cerveza casera despedía un olor a levadura.

Volví a pensar en los Postes de Sacrificio; esta vez con más detalle, imaginándomelos uno a uno, recordando su posición y sus elementos, contemplando en mi mente lo que divisaban aquellos ojos sin visión, y parpadeando entre vista y vista, como un guarda de seguridad que va cambiando de cámara en la pantalla de su monitor. No eché nada en falta; todo parecía estar en orden. Mis vigilantes muertos, esas extensiones de mí mismo que habían caído en mi poder por la simple y definitiva rendición de la muerte, no percibían nada que pudiera dañarme en la isla.



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