—Bueno… —le oí decir. Escuché su respiración y después cambió el tono de voz—. Pues sí, pienso volver a casa. Solo un momento, para ver cómo estáis. Supongo que estáis solo tú y el viejo.

—Sí, solo estamos nosotros. Estoy deseando verte.

—Bueno, me alegro. —Hubo una pausa—. ¿Por qué no vienes nunca a visitarme?

—Yo… Yo creía que Padre fue a visitarte en Navidad.

—¿Ah, sí? Bueno, pero ¿por qué no vienes tú a visitarme? —Sonaba dolido. Cambié el peso de mi cuerpo al otro pie, eché un vistazo al descansillo y miré hacia las escaleras que van al segundo piso con la sensación de que mi padre iba a aparecer de un momento a otro apoyado en la barandilla, o que vería su sombra proyectada en la pared del rellano de arriba, donde creía que podía esconderse para escuchar mis llamadas sin que yo lo supiera.

—Eric, no me gusta dejar la isla tanto tiempo. Lo siento, pero me entra esa horrible sensación en el estómago, como si se me hiciera un nudo enorme. Lo siento, pero no puedo ir tan lejos, no de un día para otro o… Lo siento, pero no puedo. Quiero verte, pero estás tan lejos…

—Me estoy acercando. —Ahora volvía a sonar seguro de sí mismo.

—Bien. ¿Por dónde estás?

—No te lo pienso decir.

—Yo ya te dije mi número de la suerte.

—Te mentí. No pienso decirte donde estoy.

—Eso no es…

—Bueno, tengo que colgar.

—¿No quieres hablar con papá?

—Todavía no. Ya hablaré luego con él, cuando esté más cerca. Tengo que irme. Nos vemos. Cuídate.

—Cuídate tú.

—¿De qué tengo que cuidarme? No me pasará nada. ¿Qué podría pasarme?

—Pues no hagas nada que pueda molestar a la gente. Ya sabes; me refiero a que la gente se enfada. Especialmente en lo que toca a sus animales de compañía. Bueno, no voy a…

—¿Cómo? ¿Cómo? ¿Qué insinúas con eso de los animales de compañía? —dijo gritando.



15 из 211