Pero mi padre parecía estar tratando de ofenderme porque normalmente no me diría algo así. Las noticias sobre Eric lo debieron de dejar trastornado. Creo que él sabía tan bien como yo que Eric acabaría volviendo y estaba preocupado por lo que pudiera pasar. No lo culpo, y no me cabe duda de que también estaba preocupado por mí. Yo soy la encarnación de un delito, y si Eric volviera para sacar trapos sucios podría salir a flote La Verdad Sobre Frank.

Nunca me inscribieron en el registro. No tengo partida de nacimiento, ni un número de carné de identidad: nada que diga que estoy vivo o que he existido. Ya sé que es un delito, como lo sabe mi padre, y creo que a veces se arrepiente de la decisión que tomó hace diecisiete años, en su época de hippy-anarquista, o de lo que fuera.

No es que yo haya sufrido por eso, no. Lo he disfrutado, y no se puede decir que no haya recibido una educación. Probablemente sé más sobre las típicas materias que se enseñan en un colegio que la mayoría de la gente de mi edad. Aunque podría quejarme de la veracidad de algunas de las informaciones que me ha pasado mi padre. Desde que fui capaz de ir solo a Porteneil y comprobar cosas en la biblioteca, mi padre tuvo que tener más cuidado con lo que me decía, pero cuando era más joven solía meterme rollos de vez en cuando, respondiendo a mis ingenuas preguntas con falsedades absolutas. Durante años creí que Pathos era uno de los tres mosqueteros, que Felación era un personaje de Hamlet, que Vitriolo era una ciudad de China, que los campesinos irlandeses tenían que pisar la turba para hacer la cerveza Guinness.

Bueno, en estos tiempos ya llego a los estantes más altos de la biblioteca de casa y me voy caminando hasta Porteneil para visitar la que hay allí, de manera que puedo comprobar todo lo que me dice mi padre, y a él no le queda más remedio que decirme la verdad. Me da la impresión de que le molesta bastante, pero así están las cosas. A eso se le llama progreso.



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