Tomar estas curvas con reducida celeridad y con precisión le encanta. Le hace sentirse en posesión de su vehículo y de sí mismo. Fernandito Campos sabe que una parte del mérito de esta precisión procede del coche mismo más que de él: los controles de estabilidad del vehículo le impiden derrapar en estas curvas que toma a cien por hora. Sonríe porque sabe que está siendo injusto con sus padres. Sonríe porque se propone ser injusto con su padre este fin de semana: breve e injusto: velozmente injusto. Hubo un tiempo de comunicación y exaltación con su padre. No fue muy largo: fue el tiempo que precedió a sus dieciséis años, ese espacio del primero de BUP, entre los catorce y los quince: ahí se sintió amado por su padre, admirado físicamente, acariciado con la mirada: vigorosos abrazos, chocar los cinco en los partidos de voleiplaya aquel verano. Ahí sobre todo sintió, en aquel año del primero de BUP, que su padre admiraba su inteligencia rápida. La pasión de Fernandito por la velocidad, tan pronto como tuvo su primer automóvil a los dieciocho, fue una mera imagen mnemónica, congelada no obstante su vivacidad intencional, en comparación con la sensación de hallarse en estado de alerta ante su padre cada vez que su padre mencionaba, ante los demás o ante el propio Fernando, la rápida inteligencia de Fernandito, intuitivo y rápido como un tiburón joven. ¡Qué tontería! Este enternecimiento dura más tiempo del que Fernandito quisiera. Coincide con la atención que tiene que prestar en este momento a la complejidad de las Hoces primero, a los caminos vecinales después. Casi sin darse cuenta se alzan ante el Porsche las verjas del Asubio. Toca el claxon, son casi las once de la noche. Llueve copiosamente. Bonifacio emerge de la casa de los guardeses con un enorme paraguas. ¡Bienvenido a casa! -grita Bonifacio-. Ya ha llegado. De nuevo el claxon. Se encienden las luces de la entrada. El propio Juan Campos abre la puerta principal. Detrás de él, la esbelta figura de Antonio. Esto es el regreso, murmura Fernandito y sonríe a su padre.



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