Su madre le tomaba el pelo cuando le veía nervioso, hasta adorarla exasperándole. Y fue (esto es lo imperdonable, lo que no prescribe) no obstante considerársele único, tratado como los otros dos, los dóciles Andrea y Jacobo, los plegados a la buena vida y a la conformidad. ¿Pero a qué clase de evidencia apela Fernando Campos cuando se refiere a la doblez de su padre, sobre todo de su padre, más que de su madre? ¿Puede hablarse de evidencia sin un objeto correspondiente, evidente ante los ojos? Fernandito se cree en posesión de la verdad en lo relativo a la doblez de sus padres. Pero no ha podido aportar, en veintitantos años, corroboración alguna de lo que tiene por evidente: a esto va al Asubio ahora: a obtener la evidencia de que sus padres no sólo no le amaron a él en particular sino que tampoco se amaron mutuamente, y que el pretendido amor conyugal fue una mera maniobra de imagen, una escenificación de un profundo vacío interior que, en el caso de su padre, a la fuerza ha de revelar algo más grave aún, sea lo que sea: una traición vergonzosa que de común acuerdo ambos disimularon, negaron, ocultaron para seguir disfrutando su aparente felicidad de gente rica. El vacío -decide Fernandito, sumido en el éxtasis de la velocidad del Porsche-: eso es lo que quisieron ocultar, el sinsentido de sus vidas, la existencia sin sentido. ¡Ésta es la forma más extrema de nihilismo: la nada, lo sinsentido eternamente! Pero esta nada del sinsentido es imprecisa, demasiado inabarcable e imprecisa. Fernando Campos sospecha ahora, paladeándolos, otros vacíos menores, más punzantes, más cutres, en la vida de sus padres. He aquí el elegante tema de este fin de semana. Y ahora sonríe. Reconoce este paisaje que atraviesa velozmente, estas Hoces con su profundo tajo y el río de montaña desplomándose rocoso, agujereado por la lluvia y las afiladas rocas, asediado por los regatos someros del monte invernizo. Ha tenido que reducir la velocidad para no despeñarse en esta carretera aún de doble sentido.


7 из 386