– Lo conocerás esta noche -dijo él-. Suponiendo que se decida a dormir en casa.

– Ese chico parece fascinante. Además, si a ti no te gusta, a mí me tiene que encantar.

– Muchas gracias -dijo él, irritado.

– Puede que sea mi tipo.

– Ninguna mujer sensata se acercaría a él.

– ¿Y desde cuándo soy yo sensata? Isobel es la sensata y, sin embargo… -empezó a decir ella, pero no terminó la frase. Tenía la cara ladeada y lo miraba a través de las pestañas más largas que Nick había visto en su vida.

– ¿Qué?

– Nada.

– ¿Qué ibas a decir de Isobel?

– Sólo que se le fue la cabeza cuando conoció a Brian. Creo que tu hermano destapó a la Isobel insensata y que eso era lo que ella quería.

– Si has terminado de cenar, -dijo él, cortante- deberíamos marcharnos.


Mientras iban hacia su casa, Nick intentaba ser amable de nuevo. Era el primer viaje de Katie a Londres y parecía tan emocionada por todo lo que veía que era imposible no sentir simpatía. A pesar de eso, seguía poniendo a prueba su paciencia, sobre todo cuando le pidió que fuera más despacio para ver unos escaparates sin tener en cuenta el tráfico o cuando lo obligó a parar en medio de una calle porque había visto el modelo de sus sueños. Cuando Nick había conseguido encontrar aparcamiento y se dirigía hacia la tienda, ella salía de ella con una bolsa en la mano y los ojos brillantes.

– ¿Te ha costado muy caro? -preguntó él. Katie le dijo el precio-. ¿Cuánto?

– Es un poco caro, pero es un modelo exclusivo. Me encanta, es como si lo hubieran hecho para mí.

– Bueno, si a ti te gusta -comentó él, encogiéndose de hombros.

Nick se ofreció a llevar la bolsa hasta el coche, pero ella se negó apretándola contra sí, como si fuera un tesoro.



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