– Va a quedarse en casa mientras tú estés en Londres.

– ¿Por qué? ¿Por si acaso me decido a atacarte? Dile que no tiene que preocuparse por eso.

– No digas tonterías. Por cierto, no te he hablado de Derek. Es mi compañero de piso y…

– ¿Es joven?

– Sí.

– ¿Guapo?

– Las mujeres parecen creer que sí. Pero te aconsejo que no le prestes atención.

– Eso va a ser difícil si vamos a vivir bajo el mismo techo.

– Esa es la razón por la que Patsy va a vivir con nosotros.

Katie lanzó una carcajada.

– Estás intentando proteger mi virtud. Qué simpático.

– Katie, una chica no puede compartir piso con dos hombres solteros sin que la gente murmure.

– Si tu compañero es tan serio y tan tieso como tú, no hay nada de qué preocuparse.

– Si Derek fuera como yo, no habría ningún problema -suspiró él.

– Nick, si hubiera más hombres como tú, el mundo tendría muchos problemas.

– ¿Es que no puedes hablar en serio?

– Estoy hablando en serio -contestó ella-. Háblame de Derek. ¿Trabaja contigo?

– No, se dedica a los ordenadores. Inventa sistemas, programas y esas cosas. Es una especie de genio, pero su personalidad podría definirse como rebelde. Le gusta «apurar la copa de la vida», como él dice. Pero yo creo que lo que le gusta es apurar todas las copas que le pongan por delante.

Demasiado tarde se dio cuenta Nick de que había dicho exactamente lo que no debería haber dicho.

– ¡Ese Derek tiene que ser divino! ¿Cuándo voy a conocerlo?

Nick decidió que tendría que pensar las cosas dos veces antes de decirlas. Estaba impresionado por el cambio que se había producido en Katie y no acertaba a hacer las cosas bien.

Y era culpa de ella, sentada allí como una diosa, con aquellos misteriosos ojos verdes que parecían prometer mil cosas. Derek se volvería loco al verla.

Nick estaba preparado para una Katie rebelde, salvaje, pero nadie le había advertido que se encontraría con una Katie bellísima. En aquel momento, la situación parecía abocada al desastre e Isobel lo culparía por ello.



19 из 123